domingo, 11 de enero de 2015

¡No te quedes ahí!

Varias noches habían pasado desde que él había decidido marcharse. ¿A dónde? nunca lo supo, ¿por qué? aún sigue aturdiendo sus sienes con esa bendita pregunta. Lo había conocido una tarde, ambos quedaron de acuerdo en juntarse, fueron puntuales, discretos, dejaron que las palabras fluyeran. Rieron, rieron mucho. Se despidieron al llegar el anochecer. Él llevaba consigo una sonrisa de esas que no se olvidan, un tono de voz elocuente, sus manos eran delicadas como para sostener un bolígrafo y seguramente su mente era de aquellas que están meticulosamente revisando detalles. Ella portaba un baúl de preguntas curiosas, unas cuantas tímidas miradas y miedo ¿a qué? No lo sabía. Y pasaban las semanas, se volvían a encontrar y seguían sonriendo, una y otra vez. Olvidaban el mundo cuando sus ojos se encontraban. La soledad que la perseguía a ella quedó archivada en el placar, la habitación en donde él compartía el silencio, quedó aún en más silencio sin el sonido de las cuerdas de su guitarra. Ambos eran amantes de la nostalgia, de los libros, la música, la escritura. Así pasaron los meses.
Pero el destino barajó las cartas, y ella a sus cartas las transformó en corazones y él jugó para ganar. Cuando la partida terminó, el sonrió y se marchó, mientras que ella quedó con sus corazones de papel en una mano y el silencio en la otra. Hoy, la angustia se ahoga en los ojos oscuros de ella, aún sigue esperando que llegué la respuesta a su ¿por qué? ¿por qué dejó paralizado el mundo con un adiós? 
El amanecer la sorprendía con los ojos abierto mirando el infinito en busca de respuestas, y solo encontraba silencio. La soledad salió más fuerte que nunca de aquel lugar en donde la había dejado, como se deja un saco después de usar. ¿Él? No se sabe nada de él, solo la ignoró y lo más terrible es que no sabía cuánto ella lo quería, no sabe cuánto lo quiere. Ella, todas las noches grita mientras sus ojos dejan caer lágrimas ¡No te quedes ahí! como queriendo arrancarse del corazón la espina de una rosa, como queriendo arrancárselo a él. 

Autora: Yésica Garro




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