jueves, 16 de abril de 2015

Existen tantas... (epístola - ficción)

14 de abril 1993
Existen tantas palabras que quisieran acariciar tu rostro una vez más, que debo decirte que no sé por dónde empezar. Hace tiempo que en esta habitación solo se escuchan los gritos de los suspiros desesperados, aquellos que golpean sus puños contra las paredes, esos que todas las madrugadas preparan sus valijas para embarcarse hacia donde tú estás. Pero es en vano, cuando las agujas del reloj dan las doce del medio día, ellos con lágrimas en los ojos comienzan a desempacar.  He comenzado a escribirte y ni siquiera sé cómo voy a entregarte esto, esto  que es lo poco que queda de mi. Siento un miedo irremediable, miedo de tenerte enfrente y de que tus ojos claros se claven en mis pupilas queriendo entender sobre mi identidad. Tengo la convicción de que también el miedo se apodera de tu sangre cuando las luces se apagan, como se está apagando tu memoria.
Eras de sonreír mucho, tus ojos brillaban de alegría y en vez en cuando jugabas con el tono de tu voz; pero ya ni siquiera sé si recuerdas qué es sonreír, ya no sé si me recuerdas o si fui arrojada al abismo junto con todos esos momentos que hoy se esfuman lentamente por alguna rasgadura de este mundo inusitado. Al transcurrir el tiempo, siento que la incertidumbre vaga por mis venas y al llegar al corazón hace tregua con la melancolía y la soledad, y es ahí cuando me despierto de esta pesadilla que me persigue por todos los rincones de esta casa vacía. ¿Qué ha hecho el tiempo de ti? Eras tanto entre el tumulto de gente cuando te veía caminar hacia mí, y hoy eres solamente un cuerpo que se balancea en un olvidado cuarto sin recuerdo alguno.
Desde que tu mente se convirtió en nuestra enemiga y borró esas miradas empañadas en un espejo deslucido, desde que tu piel ya no invoca los paisajes que dibujé en ella… desde entonces, la noche cae y me aplasta con todas sus fuerzas, me asfixia trayendo tu imagen a mi lado. A estas horas del atardecer me sofocan inmensas ganas de abrazarte y me doy cuenta que la palabra triste le queda grande a mi tristeza, que las horas me saben a despedidas y que la vida es solo un suspiro de la muerte. Me perdí por algunos resquicios de tu memoria, y hoy no me encuentro las manos, ni me miro los ojos, ni te tengo a mi lado, ni puedo conmigo.
¿Cómo arrancarte de ese lugar obscuro en el que caes lentamente? ¿Cómo hacerle entender a la vida que el paso del tiempo solo quema mis estaciones? ¿Cómo? ¿Cómo? Lo sé, no te gustan las preguntas repetidas, lo sé, y una mueca se dibuja en mi boca y un mar que se desborda en mis ojos nubla mi vista. Tus manías que aún viven en mí contraen la mirada en algún punto perdido de la noche, y te extraño inevitablemente. Temo que tu enfermedad te arranque de este universo que dejará de ser paralelo con la existencia; ya nada tendrá sentido, ya no buscaré respuestas ni formularé preguntas, ya no me fastidiarán las despedidas porque la última será cuando te vayas, porque iré contigo.
El destino debe sentirse pesado al tener tantas miradas hirientes, frías y afligidas sobre sus hombros, las tuyas, las mías, las de tanta gente; es que aún no logro entender por qué resguardó tu futuro en un cofre y lo arrojó al mar, es que no comprendo cómo se pueden despertar los recuerdos que se han suicidado en algún lugar desconocido… ¿Sabes? Quedan muchas cosas para contarte, pero preferiría vivirlas contigo. Qué ingenuo lo inalcanzable que se viste de esperanzas y traga saliva para no provocar un nudo en su garganta.

Si cuando leas esto no recuerdas quién soy, quiero que sepas que desde que no estás yo he olvidado quién era. Solo sé que fui feliz contigo, solo sé que fuiste feliz conmigo. 

sábado, 11 de abril de 2015

Hoy

"Hoy, después de muchos meses, susurré tu nombre y el aire me regaló una de tus canciones favoritas. Hoy un suspiro se destrozó sobre el suelo, dejando escapar miles de pequeños suspiros; los miré marcharse por entre los huecos de las hojas, deseando que aunque sea uno llegara a tu piel. Hoy mis manos acariciaron tu figura intacta, aquella que vive en mi mente y que escucha mis pensamientos cuando dejo caer mi cuerpo sobre las sábanas. Hoy, muerdo mis labios buscando el sabor que dejaron una vez los tuyos, mientras que mis pestañas quieren atraparte dentro de mis ojos, mientras ansío traerte hasta mi. Hoy, las agujas del reloj me gritan que estuviste aquí y que yo te dejé ir. Hoy se despiertan las manías que dejaste en mí, las miradas que pintaste en mis pupilas, los sueños que guardaste en mis brazos... hoy te extraño y el eco de esas dos palabras duelen en el alma...
El "ayer" quedó archivado en los recuerdos, el "hoy" te extraña y el "mañana" es muy incierto. 

lunes, 6 de abril de 2015

Un lejano cuadro...

Has tenido la sensación de que alguien  ha rozado tu espalda hoy, o quizá una caricia ha besado tus labios desde lejos, sucede que mis deseos de tocarte se han personificado y viajan hacia dónde estás, se transportan por el aire a ciegas, es que no sé dónde te has escondido amor salpicado por la soledad. ¿Dónde estás? Mi mente te busca por doquier, sin embargo solo encuentra puertas cerradas y cuando alguna descuidada ha quedado entreabierta su interior está a obscuras. Una obscuridad que enceguece hasta la luz más incandescente, que al estar en el centro de esa habitación solo puede percibirse el único sonido que rompe el silencio en mil pedazos; mi propia respiración. Mis ojos aprietan sus pestañas queriendo matarte de una vez por todas, tal vez suene trágico, pero encuentro más tragedia en la escena de estar muriendo por vos todos los días lentamente.
La felicidad se ha encerrado en el baúl de los recuerdos y la llave se ha extraviado por algún rincón de esta casa, que se derrumba cada vez que te vas. No arrojes las migajas que van quedando de mí a un suelo que me abraza con fuerzas y que con sombría ingenuidad murmura en los oídos de la esperanza que te deje marchar. Las mejillas de la tranquilidad se han humedecido de tanto que llueve en mí, ellas ya no son acariciados por la brilla que provenía del paisaje de tus ojos; es que te has convertido en un lejano cuadro impresionista que ya no se refleja en mis pupilas, que ya no se deja tocar por mis manos.
¿Dónde te irás? ¿Dónde me iré? ¿En qué calle quedarán fundidos nuestros pasos paralelos? ¿En qué manos dejaremos caer todas nuestras manías?
El mar que decoraba mi atardecer se ha quedado sin aguas, mis otoños nostálgicos no conocen de hojas marchitas, mis canciones empapadas ya no dicen palabra alguna. Hace tiempo que han dejado de caer lágrimas de este cielo fastidioso, sin embargo aún se escuchan las gotas que chocan contra mi piel, esas que queman hasta congelar todo mi interior. ¿Cómo borrarán de las paredes de este mundo nuestros besos taciturnos y sosegados? ¿Cómo rozarás las cuerdas de tu guitarra si has dejado todas tus caricias en mí? Le diría a tu recuerdo que te aleje de mi mente, pero no me escucha, sus oídos se han inundado.
No encuentro el aire que le hace falta a mi respirar, te has llevado lo que existió y lo que no existirá jamás. Los latidos de este corazón solo conocen de atardeceres entristecidos que humedecen a las nubes con su llanto fugitivo.
Mis palabras están manchadas de suspiros imborrables, del sonido de un beso que te extraña en las mañanas, de unas cuantas tristezas que no conocen de soles brillando en una ventana. Mis palabras adormecidas se disipan por el aire, duermen abrazadas al mundo en el que habitan tus miradas, se susurran entre ellas tu nombre indeleble…