Has tenido la sensación de que
alguien ha rozado tu espalda hoy, o
quizá una caricia ha besado tus labios desde lejos, sucede que mis deseos de
tocarte se han personificado y viajan hacia dónde estás, se transportan por el
aire a ciegas, es que no sé dónde te has escondido amor salpicado por la
soledad. ¿Dónde estás? Mi mente te busca por doquier, sin embargo solo
encuentra puertas cerradas y cuando alguna descuidada ha quedado entreabierta
su interior está a obscuras. Una obscuridad que enceguece hasta la luz más
incandescente, que al estar en el centro de esa habitación solo puede
percibirse el único sonido que rompe el silencio en mil pedazos; mi propia
respiración. Mis ojos aprietan sus pestañas queriendo matarte de una vez por
todas, tal vez suene trágico, pero encuentro más tragedia en la escena de estar
muriendo por vos todos los días lentamente.
La felicidad se ha encerrado en el baúl
de los recuerdos y la llave se ha extraviado por algún rincón de esta casa, que
se derrumba cada vez que te vas. No arrojes las migajas que van quedando
de mí a un suelo que me abraza con fuerzas y que con sombría ingenuidad murmura
en los oídos de la esperanza que te deje marchar. Las mejillas de la
tranquilidad se han humedecido de tanto que llueve en mí, ellas ya no son
acariciados por la brilla que provenía del paisaje de tus ojos; es que te has
convertido en un lejano cuadro impresionista que ya no se refleja en mis
pupilas, que ya no se deja tocar por mis manos.
¿Dónde te irás? ¿Dónde me iré? ¿En qué
calle quedarán fundidos nuestros pasos paralelos? ¿En qué manos dejaremos caer
todas nuestras manías?
El mar que decoraba mi atardecer se ha
quedado sin aguas, mis otoños nostálgicos no conocen de hojas marchitas, mis
canciones empapadas ya no dicen palabra alguna. Hace tiempo que han dejado de
caer lágrimas de este cielo fastidioso, sin embargo aún se escuchan las gotas
que chocan contra mi piel, esas que queman hasta congelar todo mi interior.
¿Cómo borrarán de las paredes de este mundo nuestros besos taciturnos y sosegados?
¿Cómo rozarás las cuerdas de tu guitarra si has dejado todas tus caricias en
mí? Le diría a tu recuerdo que te aleje de mi mente, pero no me escucha, sus
oídos se han inundado.
No encuentro el aire que le hace falta a
mi respirar, te has llevado lo que existió y lo que no existirá jamás. Los
latidos de este corazón solo conocen de atardeceres entristecidos que humedecen
a las nubes con su llanto fugitivo.
Mis palabras están manchadas de suspiros
imborrables, del sonido de un beso que te extraña en las mañanas, de unas
cuantas tristezas que no conocen de soles brillando en una ventana. Mis
palabras adormecidas se disipan por el aire, duermen abrazadas al mundo en el
que habitan tus miradas, se susurran entre ellas tu nombre indeleble…
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