lunes, 6 de abril de 2015

Un lejano cuadro...

Has tenido la sensación de que alguien  ha rozado tu espalda hoy, o quizá una caricia ha besado tus labios desde lejos, sucede que mis deseos de tocarte se han personificado y viajan hacia dónde estás, se transportan por el aire a ciegas, es que no sé dónde te has escondido amor salpicado por la soledad. ¿Dónde estás? Mi mente te busca por doquier, sin embargo solo encuentra puertas cerradas y cuando alguna descuidada ha quedado entreabierta su interior está a obscuras. Una obscuridad que enceguece hasta la luz más incandescente, que al estar en el centro de esa habitación solo puede percibirse el único sonido que rompe el silencio en mil pedazos; mi propia respiración. Mis ojos aprietan sus pestañas queriendo matarte de una vez por todas, tal vez suene trágico, pero encuentro más tragedia en la escena de estar muriendo por vos todos los días lentamente.
La felicidad se ha encerrado en el baúl de los recuerdos y la llave se ha extraviado por algún rincón de esta casa, que se derrumba cada vez que te vas. No arrojes las migajas que van quedando de mí a un suelo que me abraza con fuerzas y que con sombría ingenuidad murmura en los oídos de la esperanza que te deje marchar. Las mejillas de la tranquilidad se han humedecido de tanto que llueve en mí, ellas ya no son acariciados por la brilla que provenía del paisaje de tus ojos; es que te has convertido en un lejano cuadro impresionista que ya no se refleja en mis pupilas, que ya no se deja tocar por mis manos.
¿Dónde te irás? ¿Dónde me iré? ¿En qué calle quedarán fundidos nuestros pasos paralelos? ¿En qué manos dejaremos caer todas nuestras manías?
El mar que decoraba mi atardecer se ha quedado sin aguas, mis otoños nostálgicos no conocen de hojas marchitas, mis canciones empapadas ya no dicen palabra alguna. Hace tiempo que han dejado de caer lágrimas de este cielo fastidioso, sin embargo aún se escuchan las gotas que chocan contra mi piel, esas que queman hasta congelar todo mi interior. ¿Cómo borrarán de las paredes de este mundo nuestros besos taciturnos y sosegados? ¿Cómo rozarás las cuerdas de tu guitarra si has dejado todas tus caricias en mí? Le diría a tu recuerdo que te aleje de mi mente, pero no me escucha, sus oídos se han inundado.
No encuentro el aire que le hace falta a mi respirar, te has llevado lo que existió y lo que no existirá jamás. Los latidos de este corazón solo conocen de atardeceres entristecidos que humedecen a las nubes con su llanto fugitivo.
Mis palabras están manchadas de suspiros imborrables, del sonido de un beso que te extraña en las mañanas, de unas cuantas tristezas que no conocen de soles brillando en una ventana. Mis palabras adormecidas se disipan por el aire, duermen abrazadas al mundo en el que habitan tus miradas, se susurran entre ellas tu nombre indeleble…


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